Durante siglos, los cartógrafos medievales europeos han escrito junto al nombre de este volcán una sola palabra: Hekla, puerta del Infierno. No era fantasía poética, sino el reflejo genuino del terror que esta montaña de fuego islandesa inspiraba en quienes la observaban erupcionar desde el mar, lanzando columnas de ceniza visibles a cientos de kilómetros de distancia. Hoy, con las botas adecuadas y un día despejado, es posible ascender por sus flancos cubiertos de lava solidificada y mirar desde lo alto un paisaje que parece salido de otro planeta.
Hekla se encuentra en la región de Rangárþing ytra, en la parte sur de Islandia, a unos 170 kilómetros de Reikiavik. Con sus 1.491 metros de altitud, no es la cima más alta de la isla, pero ciertamente es una de las más respetadas: desde el 874 d.C., año de la colonización nórdica de Islandia, ha erupcionado más de 20 veces, con erupciones documentadas en 1104, en 1947 y, más recientemente, en 2000. Esta frecuencia la convierte en uno de los volcanes más activos de Europa, y las autoridades islandesas la monitorean constantemente con instrumentos sísmicos.
Un paisaje que cuenta milenios de fuego
Acercarse a Hekla significa atravesar extensiones de lava negra que se extienden por kilómetros en cada dirección, interrumpidas solo por mechones de musgo verde brillante que colonizan lentamente la roca volcánica. Estos campos de lava, llamados en islandés hraun, muestran texturas diferentes según la época de la erupción: la lava más antigua aparece consumida y cubierta de líquenes, mientras que la del 2000 conserva aún su superficie irregular y afilada, casi intacta. Caminar sobre estos terrenos requiere atención y zapatos robustos.
La cresta somital de Hekla es en realidad una fisura eruptiva larga aproximadamente 5,5 kilómetros, orientada en dirección noreste-suroeste, característica que la distingue de los volcanes de forma cónica clásica. En los días serenos, desde la cima se pueden ver el glaciar Mýrdalsjökull al este y, en condiciones excepcionales, incluso el glaciar Vatnajökull, el más grande de Europa por superficie. El contraste entre el negro de la lava y el blanco del hielo es uno de los espectáculos visuales más poderosos que Islandia sabe ofrecer.
Cómo subir al Hekla: el recorrido de senderismo
El sendero más común parte del Refugio Hekla, una estructura gestionada por el club alpino islandés Ferðafélag Íslands, accesible por la carretera F225, un camino de tierra que requiere un vehículo de tracción en las cuatro ruedas. Desde este punto, la subida hasta la cima requiere en promedio 4-6 horas ida y vuelta, dependiendo del ritmo y de las condiciones meteorológicas. El desnivel es significativo pero no técnico: no se necesita equipo de alpinismo especializado, pero es fundamental estar equipado con ropa en capas, impermeable, y reservas de agua suficientes.
Un detalle que muchos excursionistas no esperan es la rapidez con la que cambia el tiempo en altitud: incluso saliendo con el cielo despejado en el valle, nubes y viento pueden llegar en pocos minutos a la cresta. El mejor período para intentar la subida es entre julio y septiembre, cuando las probabilidades de encontrar el sendero libre de nieve son más altas. Se recomienda encarecidamente consultar las previsiones meteorológicas locales en el sitio de la Oficina Meteorológica Islandesa (vedur.is) y las posibles alertas sísmicas en el sitio de la Oficina Meteorológica y Vulcanológica (en.vedur.is) antes de partir.
La historia y el mito: por qué Hekla aterrorizaba a Europa medieval
En 1104, Hekla produjo una de sus erupciones más devastadoras, destruyendo completamente la granja de Þjórsárdalur y sepultando bajo la ceniza un distrito agrícola entero. Esta catástrofe quedó grabada en la memoria colectiva y contribuyó a la construcción del mito. Monjes irlandeses y cronistas europeos de los siglos XII y XIII describieron el volcán como la prisión de las almas condenadas, un lugar del que se oían gritos y donde los cuervos se reunían antes de descender al Infierno.
Esta reputación no impidió que los islandeses continuaran viviendo en sus cercanías. Aún hoy, las granjas de la región circundante cultivan pastos fértiles gracias a los minerales depositados por las erupciones pasadas, un testimonio silencioso del paradoja que caracteriza a los lugares volcánicos: la misma fuerza que destruye, a largo plazo, fertiliza.
Consejos prácticos para visitar Hekla
Quien llega desde Reikiavik puede alcanzar la base del volcán recorriendo la Ruta 26 en dirección este, luego desviándose hacia la F225. El trayecto en coche dura aproximadamente dos horas y media. No existen boletos de entrada para subir al volcán, pero el estacionamiento cerca del refugio puede tener un costo modesto. Se recomienda avisar a alguien de tu itinerario antes de partir, una práctica estándar en Islandia para cualquier excursión en áreas remotas.
Evita acercarte al volcán si las autoridades islandesas han emitido alertas sísmicas: Hekla es conocida por dar muy poco aviso antes de una erupción, a veces menos de 30 minutos. Esto no debe desanimar la visita, pero impone respeto e información constante. Llevar contigo un mapa físico, además del GPS, siempre es una buena idea en un territorio donde la cobertura de señal móvil puede estar ausente durante largos tramos.